

Director
Álvaro Fernández ArmeroGuión
Daniel Castro
RichieValero
2 ene 2024
_**¿ENTRAÑABLE? SÍ ¿MEMORABLE? NO **_ Bueno, que confuso todo ¿no? O sea, lo que hace este título con su fama es, para nuestro país, fabuloso. Pero, me siento un poco avergonzado por el poco paladar humorístico de la mayoría de las personas en estos últimos años. Lo mismo me pasa con Campeonex. La primera fue hermosa y un 10/10. Esta segunda fue algo ridícula, seguía siendo bonita, pero no le encontraba la gracia ya. Y me pasó un poco con Ocho apellidos catalanes –he de decir que era pequeño aún, y me hacía gracia casi todo, pero ya iba poniendo alguna mala cara–. Y Ocho apellidos vascos la recuerdo con los mismos sentimientos que Campeones: perfecta, memorable y muy graciosa, claro. Y pues siento que la gente busca el humor básico, un humor estereotipado además. Sin embargo, en esta nueva, creo que lo estoy siendo, o al menos, noto algo de hipocresía en mí –bueno ¿cuándo no?– Porque ha habido ciertos momentos, no muy numerosos, que me han dado alguna carcajada. Pero, luego reflexionando me doy cuenta y asimilo que no son para tanto, que incluso, he parecido un poco tonto, o exagerado. Se supone que la saga, hasta el momento, de Ocho apellidos… tienen que ser hilarantes, pero también, al ser comedias románticas, tienen que ser tiernas. La ternura no se desvanece fácilmente en estos títulos, es difícil ya, y los espectadores inusuales también están aferrados al simplismo amoroso. Pero tampoco me irritan estos aires románticos. De todas maneras, puede que haya sido una pérdida de tiempo observar y escuchar esta repetitiva historia, además no noto esa cierta alma que sí contienen las anteriores. En cuanto a personajes e interpretaciones no necesito más que lo que veo. Aunque una Elena Irureta algo sobreactuada pero no tan fatigosa, es más, es ella quién da algo de vividez al avance de la historia. El choque cultural de Ocho apellidos marroquís es lo único que me llevó al bolsillo, ya que puede traer reflejos de didactismo para los más reflexivos y una bofetada a aquellos españoles rancios, xenófobos y probablemente derechistas. -RICHIE VALERO


María Ramos Mouhoub
Hamida
Marco-Hugo Landeta Vacas
24 nov 2025
(CASTELLANO) La sensación que deja 8 apellidos marroquís es la de una película que intenta caer bien a toda costa, incluso aunque eso implique limar cualquier chispa o riesgo. Se nota desde el primer tramo: todo está pensado para hacer gracia sin molestar, para gustar sin tensar nada. Y claro, cuando vas por ese camino, acabas en una comedia muy amable… y muy plana. Hay algún momento suelto que hace sonreír —uno o dos chistes que sorprenden por lo tontos que son—, pero la película vive más del gesto simpático que de la risa real. Lo curioso es que mantiene el nombre de la saga, pero no el espíritu. No tiene nada que ver con la primera, ni en energía ni en mala leche. Aquí todo está mucho más “correcto”, como si alguien hubiera pasado la aspiradora por encima de cualquier arista. Lo que la salva un poco es Julián López, que tiene ese talento raro para hacer que una escena mediocre funcione mejor de lo que debería. Él sabe moverse en la idiotez con bastante gracia. El resto es más discutible: personajes que cambian de actitud en segundos, situaciones que se ven venir desde el póster y un tono general de comedia turística que ya hemos visto demasiadas veces. Al final, queda un producto bienintencionado, suave, simpático… pero olvidable. Se puede ver con el cerebro medio apagado y no duele, pero tampoco aporta nada que justifique seguir estirando este título. Y sí, yo también habría preferido algo con más mala leche, o simplemente con más vida. (ENGLISH) A Moroccan Affair leaves you with the feeling of a film that desperately wants to be liked, even if that means sanding down every rough edge it might have had. You can sense it from the first scenes: everything is designed to be funny without offending anyone, pleasant without pushing any boundaries. And when you follow that path, you end up with a very gentle… and very flat comedy. There are a couple of small moments that make you smile —a joke or two that work because of how silly they are—, but the movie relies more on being “nice” than genuinely funny. The odd thing is that it keeps the saga’s name, but not its spirit. It has nothing to do with the first one, neither in energy nor in attitude. Everything here feels much more “safe,” as if someone had vacuum-sealed all the roughness. What partly saves it is Julián López, who has that strange talent for making mediocre scenes work better than they should. He knows how to move within pure stupidity with real charm. The rest is more questionable: characters that shift personality in seconds, situations you can predict from the poster, and a general tone of touristic comedy that we’ve seen far too many times. In the end, it’s a well-intentioned, soft, friendly… but forgettable product. You can watch it with your brain half off and it doesn’t hurt, but it doesn’t bring anything new to justify stretching this title any further. And yes, I also would’ve preferred something with more bite —or simply more life.
2011
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